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Diez preguntas tontas a un escritor

Por José Aurelio Paz

Tomado de Invasor

Foto: Alejandro García Sánchez

Cuando le leí el cuestionario por teléfono sentí un silencio aplastante al otro lado de la línea. Me sentí verdaderamente tonto a punto de cumplir mis 70, y solo atiné a balbucear: “Bueno, si las preguntas te parecen verdaderamente una tontería, no las respondas y no pasa nada”.

No quería repetir lo que casi todo el mundo sabe del escritor avileño Félix Sánchez, que nació en las rojas tierras de Ceballos un 11 de agosto de 1955; que es un narrador, ensayista, escritor, investigador y editor cubano multipremiado; que es, además, Doctor en Ciencias Pedagógicas y un tozudo, controvertido y perseverante intelectual que ha nadado a contracorriente de las burocracias y tiene una de las más completas y extensas biografías que existen en Wikipedia.

Pero, sobre todo, un soñador que no abandona su generoso magisterio de compartir conocimientos con escritores noveles para niños; de ahí que mantenga, como rara avis ya en la vida cultural de este país, un taller literario destinado al asesoramiento de quienes tienen la aspiración de aprender a escribir para el público más inocente y sincero que existe.

Quise, con estas “naderías periodísticas”, buscar otra arista del personaje, del ser humano que le habita. Con la exactitud propia de un monje me envió las respuestas que ahora comparto y hasta me aseguró que, al final, las preguntas le parecieron atractivas, como un juego cómplice donde el genio del escritor me salvó del descalabro, por la ingeniosidad de sus respuestas, de no parecer tan tonto.

No por gusto prefiere para escribir la Helvética 10, una tipografía amada y odiada por muchos, pero sin la que, según los estudiosos, sería imposible entender el diseño tipográfico. Y un puntaje tan pequeño me da otra pista envidiable: vista de águila para seguir subiendo a la cumbre.

—Si no hubieras nacido en el siglo XX y en Ceballos, ¿en qué tiempo y dónde te habría gustado nacer?

—En la Escandinavia del siglo IX. El gusto por las películas de vikingos sigue vivo en mí. Habría sido un vikingo muy pacífico, pero vikingo al fin. Todos los objetos que crearon fueron muy belicosos, pero de una preciosidad sin igual. Una nave vikinga solo la pudo diseñar Dios.

—Si no hubieras venido en cuerpo de hombre, sino de mujer, ¿qué mujer te gustaría ser?

—No hay por qué sonrojarse ante una pregunta así. Elegiría de entre el cuarteto formado por Nicole Kidman, Yelena Isinbayeva, Mireille Mathieu y Romy Schneider. Y trataría de explotar todas las ventajas de la secreta cercanía a ellas, por supuesto.

—Supongamos que no eres un ser humano, sino un objeto, ¿qué serías?

—Un reloj de pared. Me tendrían en un lugar visible y me mirarían constantemente. Disfrutaría viendo a todos correr una vez los llamara a gritos. Eso de mover constantemente los brazos me mantendría físicamente bien.

—¿Y si fueras un invento…?

—La rueda. Obra de nacimiento misterioso. Muy útil, viajera, y sin nadie con patente de propiedad sobre mí.

—Transformado en naturaleza: ¿vendrías como río, mar, árbol, flor, pájaro, nube, reptil, insecto…?

—Río. Así aseguro una vida larga y muy refrescada, con nombre propio y regalando peces sin temor a quedarme algún día sin ellos.

—¿Si en lugar de hombre, sonaras como una canción?

—Cualquier canción. Pero una que cante todos los días una bella cantante italiana asomada a su balcón, mirando a las personas que pasan bajo ella y le tiran besos de gratitud.

—Un instrumento musical…

—Uno muy simple, que esté en todas las orquestas sinfónicas y trabaje poco, como el triángulo. Eso me permitiría disfrutar el bello sonido de los otros sin mucha preocupación por lo que tengo que hacer.

—Si fueras un libro…

—Un humilde libro de consejos para vivir, al que acuda la gente desesperada, y te haga sentir, por tanto, bien y útil.

—Si reencarnaras, ¿qué personaje serías de la historia o la ficción?

—De la ficción. Ivanhoe. No solo porque en la película de 1952 le toca salvar a Elizabeth Taylor, que asume el papel de Rebeca, enamorada de él. Fue un libro que leí en esos años de la infancia cuando la ficción nos endulza la realidad. Todavía recuerdo el día en que mi padre lo llevó a la casa.

—Si simplemente fueras una naranja regresando a los campos de Ceballos, ¿qué le dirías a esa tierra?

—Nunca me fui, solo estaba dando un paseo muy largo. Aún muerto seguiré aspirando ese olor inconfundible de tus naranjas y tus mandarinas.

Félix Sánchez suma otro premio a las letras avileñas

Tomado de Invasor

Félix Sánchez

Publicado en Invasor el 7de septiembre por Ailén Castilla Padrón. Foto: Nohema Díaz

Hay menciones que se disfrutan como si fueran premios y esa certeza la ha experimentado en estos días el escritor avileño Félix Sánchez Rodríguez cuando se hicieron públicos los resultados del XIX Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, donde recibió la primera mención por la obra El cartel bilingüe.

El jurado integrado por el mexicano Javier Villaseñor y los cubanos Dazra Novaky Roberto Méndez resaltaron, según reseña el sitio web Cubadebate, “el dominio narrativo de un texto que aborda con gracia e ingenio el complejo mundo de la política, bajo la forma de una parábola satírica, que capta con maestría la atención del lector”

En realidad para los seguidores de su obra se ha hecho común su marca de narrar las más simples situaciones desde la ironía, el doble sentido, y las intertextualidades que nos hacen viajar lo mismo al futuro que a la vorágine de la década de 1970 en Cuba y a la relación con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

El cuaderno bilingüe no es la excepción y nos muestra la historia de Teodoro Abreu Mastrapa, un niño prodigio en el campo de la política, que hace gala de su genialidad luego de mostrar, en saludo a un distinguido visitante soviético, un cartel rotulado con la frase “Viva el amigo Brezhniev” tanto en español como en ruso.

A partir de este absurdo comienza a tejerse un argumento centrado en los malabares hechos para que el pequeño de tres años se convierta en líder, ejemplo, merecedor de un premio Guinnes y objeto de la propaganda enemiga.

Luego de un viaje por varias ciudades soviéticas, la cara de Teo era de angustia y como otro de sus dotes era vaticinar el futuro se atrevió a decir la verdad que nadie quería escuchar. “Un alud acabaría con todo” y con todo se refería a la URSS.

Entonces se produce un punto de giro importante en la trama que nos devuelve un personaje abatido y olvidado por quienes antes lo habían aplaudido y ensalzado. Ni siquiera “el hombre que lo atendía” volvió a cruzarse en su camino y cuando lo hizo, fue como un vendedor de maní común y corriente. Desaparecieron sus biografías, fotos, se acabaron los viajes y discursos, y volvió a ser un estudiante “normal” en la escuela Yuri Gagarin.

Si a esto sumamos la fina ironía con que se presenta el argumento, tanto que puede llegar a ser hiriente y crítica mordaz al mismo tiempo, no es absurdo decir que estamos ante un cuento que se lee de un tirón y se disfruta de inicio a fin en cada uno de sus códigos.

Basta mencionar por ejemplo los pasajes en los que alude “a un acto por la independencia de Maisí”, “a la Oficina Central de Actos y Movilizaciones”, a “Teo como un producto genuinamente nacional” o al profesor Abreu que “se suicidó con la cuerda del planisferio en el difícil año de 1993”.

Sin embargo, de anclar las verosimilitudes con nuestro pasado reciente se encargará, si así lo quiere, el lector, porque el narrador solo expone y describe situaciones. En mi opinión este otro de sus méritos un aparente distanciamiento con la historia, sin dejar de contarla de un modo visceral.

El final terminó de echar por tierra la utopía, pues nos presenta a Teo, algunos años después, con sus pinceles y cartulinas frente al televisor, porque quizás su vocación era la de ser artista y lo del cartel tuvo poco que ver con fervor revolucionario, consignas ni saludos, aunque así lo hayan entendido sus contemporáneos. El desenlace nos deja, precisamente, con ese mismo sabor agridulce y de incomprensión.

Enumerar los reconocimientos que avalan la hoja de vida de Félix Sánchez nos llevaría a una cronología larga y hasta inexacta, pero sin dudas vale destacar la Distinción de Hijo Ilustre de Ciego de Ávila, los premios Cirilo Villaverde de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en el año 2004; el Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en el 2010 con Los confines de la muerte y el Alejo Carpentier en la categoría de cuento, en el 2018, con El corazón desnudo.

En esta oportunidad, a juzgar por el número de obras concursantes (813) procedentes de diversas naciones del mundo, estar entre los premiados no es casualidad, sino confirmación de la valía de sus letras y otro motivo para que la literatura avileña se sienta honrada.

Compay Grillo con La Espuela

Compay Grillo recibió en el día de ayer 12 de febrero al Taller literario La Espuela, de la ciudad de Morón, especializado en la literatura humorística representado Ismael Cruz Parada, José Manuel Laredo, Servando Carvajal y Bufer. Una alegre mañana con las tradicionales enseñanzas y ejercicios de redacción de nuestro coordinador, y maestro, Félix Sánchez Rodríguez, lecturas de poemas, cuentos, crónicas, acompañados del delicioso café que siempre nos brinda Mayda Batista y la entrega de un reconocimiento a Miguel Ángel Ochoa, reconocido escritor con muchos años de permanencia en el taller.

En la cita los escritores debatieron sobre la nula inserción de los escritores cubanos de la actualidad en los programas educativos de las escuela cubana.