(Annia Benítez, 1942)

 

Dos ardillas amigas, parlanchinas y cuentacuenteras, conversaban sentadas en un tronco mientras disfrutaban del paisaje. Y de pronto comenzaron a pasar frente a ellas animales y más animales, como si anduvieran todos de excursión.

Pero no fue eso lo que les llamó la atención verdaderamente, sino que todos los animales eran verdes. Conejos verdes, jubos verdes, cerdos verdes, vacas verdes. Y hasta un grupo de mariposas que parecían un manojo de hojas de mango.

Las ardillas se miraron y una le dijo a la otra:

—¡Viste eso, amiga!

—¡Qué cosas tiene la moda¡ ¡Qué lindo color!,¡Yo quisiera ser así!

— ¿Y qué haremos? —preguntó la otra.

En ese momento pasaba un perrito, por supuesto, de color verde, y lo llamaron,  le preguntaron por qué todos los animales tenían ese color.

—Es que nos bañamos en el Lago Milagroso. Si van de rama en rama, por ese camino, en medio día aproximadamente, lo encontrarán

—¿Un lago?preguntó una de las ardillas, desconfiada.

—Sí —contestó el perrito— Es el único Lago Milagroso de todo el país. Sus aguas son muy claras,  pero  verdes. Y todo el que se bañe en él, se pone de ese color.

—¡Qué maravilla! Allá vamos —dijo la ardilla más entusiasta.

Se despidieron del perrito verde y salieron en busca del milagroso lago.

Pasadas unas cuantas horas empezaron a sospechar que todo había sido una mentira  porque no hallaban el lago, por ninguna parte.

—Nos ha tomado el pelo.

—Nunca confíes en un perro, ni aunque sea verde, me decía mi mamá.

En ese momento una de las ardillas miró fijamente a la otra.

—¿Qué es eso que tienes en los ojos?

—¡En los ojos!

—Sí, déjame ver. ¡Vaya, cómo no te habías dado cuenta! Tienes los ojos cubiertos por dos finas hojas.

La ardilla se quitó las hojas y el bosque volvió a tener su color habitual. Vio a un puñado de mariposas amarillas revoloteando sobre ellas.

—¡Qué perro más tonto!

—¡Que ardillas más tontas! —dijo una de ellas.

Pero la otra se quedó pensativa.

— ¿Y cómo tú los veías verde también?

—Bueno, es que cuando dijiste que veías todo verde no quise ser menos.

—¿Y el perrito?

—El perrito sobra en este cuento. Lo quitamos y ya.

La ardilla que había tenido las hojas en los ojos dijo:

—No hay perro ya. Ahora podemos empezar otra vez el cuento. En ese otro cuento llegaremos al lago y nos bañaremos en él.

Y su amiga empezó a contar:

Dos ardillas amigas, muy sentadas en un tronco, conversaban mientras disfrutaban del paisaje. Y de pronto comenzaron a pasar frente a ellas animales y más animales, como si anduvieran de excursión.

 

Annia Benítez Bermúdez (Ranchuelo, 1942). Jubilada. Escribe narrativa para niños y adultos. Miembro de los talleres especializados Compay Grillo y El cazador. Ha obtenido premios y menciones en concursos como el Ángel Lázaro Sánchez, Encuentro Debate de Talleres Literarios a nivel Municipal y Provincial. Obtuvo el II Premio Mar Verde en 2008 y alcanzó mención en el 2009 en los concursos “Compay Grillo y El Cazador”. Su cuento “Carga pesada” está incluido en la antología de narrativa avileña para niños y jóvenes. Obtuvo II premio en el concurso “Ángel Lázaro Sánchez” 2009. En el encuentro de Talleres Literarios Municipal alcanzó mención en cuentos para niños y II lugar en cuentos para adultos. Además en el encuentro Provincial de Talleres Literarios obtuvo primer lugar en cuento para adultos y mención en cuento para niños. Fue finalista en el concurso “La casa Tomada” 2009. Obtuvo premio en el concurso de Literatura Infantil “Compay Grillo”. Año 2010. En el concurso Avicena (Unión Árabe) obtuvo mención en poesía y 3er. lugar en narrativa de adultos.  Tiene publicada la noveleta “Travieso Chiquilín” (Editorial Ávila, 2013)