Tomado de Invasor

Félix Sánchez

Publicado en Invasor el 7de septiembre por Ailén Castilla Padrón. Foto: Nohema Díaz

Hay menciones que se disfrutan como si fueran premios y esa certeza la ha experimentado en estos días el escritor avileño Félix Sánchez Rodríguez cuando se hicieron públicos los resultados del XIX Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, donde recibió la primera mención por la obra El cartel bilingüe.

El jurado integrado por el mexicano Javier Villaseñor y los cubanos Dazra Novaky Roberto Méndez resaltaron, según reseña el sitio web Cubadebate, “el dominio narrativo de un texto que aborda con gracia e ingenio el complejo mundo de la política, bajo la forma de una parábola satírica, que capta con maestría la atención del lector”

En realidad para los seguidores de su obra se ha hecho común su marca de narrar las más simples situaciones desde la ironía, el doble sentido, y las intertextualidades que nos hacen viajar lo mismo al futuro que a la vorágine de la década de 1970 en Cuba y a la relación con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

El cuaderno bilingüe no es la excepción y nos muestra la historia de Teodoro Abreu Mastrapa, un niño prodigio en el campo de la política, que hace gala de su genialidad luego de mostrar, en saludo a un distinguido visitante soviético, un cartel rotulado con la frase “Viva el amigo Brezhniev” tanto en español como en ruso.

A partir de este absurdo comienza a tejerse un argumento centrado en los malabares hechos para que el pequeño de tres años se convierta en líder, ejemplo, merecedor de un premio Guinnes y objeto de la propaganda enemiga.

Luego de un viaje por varias ciudades soviéticas, la cara de Teo era de angustia y como otro de sus dotes era vaticinar el futuro se atrevió a decir la verdad que nadie quería escuchar. “Un alud acabaría con todo” y con todo se refería a la URSS.

Entonces se produce un punto de giro importante en la trama que nos devuelve un personaje abatido y olvidado por quienes antes lo habían aplaudido y ensalzado. Ni siquiera “el hombre que lo atendía” volvió a cruzarse en su camino y cuando lo hizo, fue como un vendedor de maní común y corriente. Desaparecieron sus biografías, fotos, se acabaron los viajes y discursos, y volvió a ser un estudiante “normal” en la escuela Yuri Gagarin.

Si a esto sumamos la fina ironía con que se presenta el argumento, tanto que puede llegar a ser hiriente y crítica mordaz al mismo tiempo, no es absurdo decir que estamos ante un cuento que se lee de un tirón y se disfruta de inicio a fin en cada uno de sus códigos.

Basta mencionar por ejemplo los pasajes en los que alude “a un acto por la independencia de Maisí”, “a la Oficina Central de Actos y Movilizaciones”, a “Teo como un producto genuinamente nacional” o al profesor Abreu que “se suicidó con la cuerda del planisferio en el difícil año de 1993”.

Sin embargo, de anclar las verosimilitudes con nuestro pasado reciente se encargará, si así lo quiere, el lector, porque el narrador solo expone y describe situaciones. En mi opinión este otro de sus méritos un aparente distanciamiento con la historia, sin dejar de contarla de un modo visceral.

El final terminó de echar por tierra la utopía, pues nos presenta a Teo, algunos años después, con sus pinceles y cartulinas frente al televisor, porque quizás su vocación era la de ser artista y lo del cartel tuvo poco que ver con fervor revolucionario, consignas ni saludos, aunque así lo hayan entendido sus contemporáneos. El desenlace nos deja, precisamente, con ese mismo sabor agridulce y de incomprensión.

Enumerar los reconocimientos que avalan la hoja de vida de Félix Sánchez nos llevaría a una cronología larga y hasta inexacta, pero sin dudas vale destacar la Distinción de Hijo Ilustre de Ciego de Ávila, los premios Cirilo Villaverde de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, en el año 2004; el Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en el 2010 con Los confines de la muerte y el Alejo Carpentier en la categoría de cuento, en el 2018, con El corazón desnudo.

En esta oportunidad, a juzgar por el número de obras concursantes (813) procedentes de diversas naciones del mundo, estar entre los premiados no es casualidad, sino confirmación de la valía de sus letras y otro motivo para que la literatura avileña se sienta honrada.

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